En estas fechas podemos observar cómo la gente se dispone y se empieza a preparar para las fiestas de fin de año: el movimiento en la calle es mucho más activo, los comercios se llenan de gente, el ambiente se transforma.

Si hacemos un repaso en la historia del hombre, podremos ver cómo cada celebración tenía un significado especial, generalmente relacionado con la naturaleza o la espiritualidad. En la actualidad, hay celebraciones que todavía se conservan, pero con el paso de los años su significado se ha desvirtuado y se han ido desdibujando hasta adquirir una tendencia materialista.

Inconscientemente, envolvemos a los niños en este ambiente. Como padres o educadores debemos detenernos a pensar un momento en los niños, especialmente aquellos que están pasando por la primera etapa en la que el niño se construye, se adapta al mundo y a la época en la que le tocó vivir.

Recordemos que el niño de cero a seis años tiene características y necesidades muy específicas, entre estas se encuentra la mente absorbente, que toma todas las impresiones del ambiente, las encarna, las hace suyas y a partir de estas se construye.

Esta capacidad hace que para el niño cada descubrimiento sea una fiesta: el observar un pájaro, una canción, un insecto, para él el mero hecho de vivir (especialmente cuando está en un ambiente adecuado) es causa de alegría y lo lleva a amar su ambiente. Esta simple manifestación debería ser tomada por el adulto como una enseñanza de vida.

Tomando en cuenta estas características, y reconociendo el impacto que tienen cada una de nuestras acciones, palabras y comportamientos en el niño, sería necesario reflexionar:  ¿qué significado queremos que tengan estas celebraciones para nuestros niños?; ¿que sea una celebración sin propósito, sin más significado que el acumular cosas?;¿o de verdad queremos hacer de estas fiestas una oportunidad de acumular, pero experiencias internas que constituyan la base de una conciencia nueva (centrada más en el ser que en el hacer y tener) de la humanidad, donde cada celebración sea una nueva oportunidad de reencontrarnos y redescubrirnos?

Independientemente de nuestras creencias, aprovechemos estas épocas para sembrar en nuestros niños una visión auténtica y real de la navidad. 

Cada cultura y cada familia tiene su propia forma de prepararse y celebrar estas fiestas, hagamos que nuestros niños sean partícipes de una celebración con significado que les permita sentirse parte de su comunidad.

Algunas sugerencias:

  • Si son muy pequeños recordemos la importancia del orden y las rutinas, tengamos cuidado, en la medida de lo posible, en respetar sus horarios, estemos preparados con lo necesario para alimentarlos y poderles proporcionar un espacio para dormir.
  • Si tienen de dos años en adelante, nos pueden ayudar a decorar la casa, crear dibujos, a hacer galletas, enseñarles canciones propias de la época, salir a caminar para ver las luces, la nieve si la hay en donde vivimos, en definitiva, pasar tiempo con la familia.
  • Evitar sobre estimularlos con fantasía y agobiarlos con las prisas.
  • Si ya son niños más grandes podemos contarles la historia de la navidad y de dónde provienen cada uno de los símbolos y elementos que la conforman, seamos sinceros y proporcionémosle una visión real de estas celebraciones. También podemos explicarles sobre cómo celebran estas fechas en otros países o culturas.

Demos prioridad a la convivencia, la generosidad, la gratitud, celebrando el estar juntos. Como padres, aprovechemos este tiempo para observar, escuchar, abrazar a nuestros niños y aprendamos de ellos a disfrutar y a celebrar cada momento de nuestra vida.

¡FELICES FIESTAS!

Esther Vargas

Departamento Pedagógico