El primer contacto de la Dra. Montessori con la educación fue posible gracias a su interés por los niños recluidos en una clínica, que presentaban características de desarrollo diferentes y no podían integrarse al esquema de la educación tradicional de finales del siglo XIX.

Este es un hecho tan difundido que muchos piensan que esta pedagogía es exclusiva para personas con alguna discapacidad. Sin embargo, Montessori demostró que los mismos principios educativos podían ser exitosos en la educación de niños con y sin trastornos en el desarrollo.

Por lo tanto, puede considerarse a la doctora Montessori como una pionera en llevar a la práctica la inclusión educativa; una tarea que ha sido continuada por sus seguidores hasta la actualidad y que también se intenta implementar en otros acercamientos pedagógicos.

En un ambiente preparado no son necesarias las adecuaciones curriculares, porque se promueve el desarrollo global de la persona y se proporciona a cada niño, independientemente de sus dificultades:

  • Educación individualizada: que respeta el ritmo de cada niño y ofrece actividades a partir de sus habilidades e intereses.
  • Descomposición de las tareas en pasos cortos, para hacer más fácil su dominio y permitir una aproximación a la meta.
  • Educación de todos los canales sensoriales.
  • Aprendizaje basado en la experiencia y en la actividad.
  • La posibilidad de partir de lo concreto hacia lo abstracto, presentando una sola dificultad a la vez.

Estas son algunas sugerencias para que la inclusión educativa sea exitosa en un ambiente preparado:

  • Partir del diagnóstico de un especialista, que permita entender el comportamiento, áreas de oportunidad y fortalezas del niño.
  • Investigar sobre las características del trastorno del niño, para responder mejor a sus necesidades.
  • Realizar las adaptaciones físicas y psicológicas necesarias, por ejemplo: si los niños requieren un aparato de apoyo para caminar, ofrecer el espacio para colocarlo; si los niños reaccionan de manera exagerada frente a los cambios de rutina, evitarlos en la medida de lo posible o anticiparlos.
  • Asegurarse de que los niños reciban el apoyo terapéutico necesario de manera extraescolar, ya que el trabajo en el aula no sustituye esta ayuda.
  • Además de reportar a los padres de los avances del niño, compartir esta retroalimentación con los terapeutas y compararla con sus evaluaciones.
  • Incluir hasta un diez por ciento de niños con necesidades educativas especiales, en relación al número total del grupo. De esta manera, se garantiza que todos reciban la atención adecuada y que exista un modelo positivo de imitación para quienes más lo necesitan.
  • En casos aislados, considerar la presencia de un monitor o acompañante del niño. Este adulto deberá observar previamente el ambiente, para seguir las pautas de comportamiento adecuadas.
  • Sensibilizar a los padres sobre la importancia del funcionamiento autónomo del niño, a pesar de sus limitaciones.
  • Posiblemente, la mejor recomendación es recordar las palabras de Seguin, médico dedicado al tratamiento de niños con dificultades auditivas, a quien Montessori tomó como referente para establecer su pedagogía científica:

“Tener la seguridad de que hasta en el niño con mayores dificultades existe una mínima base de comprensión sobre la que se puede construir el aprendizaje”.

Édouard Séguin

Adela Vizcaíno

Departamento Pedagógico