¿Qué es la “mente absorbente” en la filosofía Montessori?
Durante los primeros seis años de vida se observan en el ser humano grandes transformaciones. En el transcurso de esta etapa el aprendizaje se da de forma intensa, por lo que se considera la más importante de la vida. María Montessori (2015) señalaba que: “es en este período cuando se forma la inteligencia, el gran instrumento del hombre”.
Todas estas grandes transformaciones son posibles gracias a que el niño presenta un tipo de mente diferente, a la cual la Dra. Montessori llamó “mente absorbente”. Observó que la mente en esta fase de desarrollo es mucho más receptiva que la de los niños mayores y la de los adultos. Tiene una capacidad extraordinaria de absorber y asimilar todas las experiencias y la información del ambiente que le rodea, de forma natural y sin esfuerzo consciente.
“Cada acto de aprendizaje ocurre de un modo especial. Todo lo que viene del ambiente se recibe, procesa y almacena en las células cerebrales sin ningún esfuerzo, usando una forma de absorción inconsciente”.
(Quattrocchi Montanaro, 1999)
“Si yo os dijera que existe un planeta donde no hay escuelas, ni maestros, ni necesidad de estudiar, y donde viviendo y paseando, sin más fatiga, los habitantes lleguen a conocerlo todo y a fijar sólidamente todo el saber en su cerebro, ¿no os parecería una hermosa fábula? Pues bien, esto que parece tan fantástico y suena a invención de una fértil imaginación, es un hecho, una realidad; porque este es el modo inconsciente de aprender del niño.”
(Montessori, 2015, p. 22)
La mente absorbente es, entonces, el tipo de psique del niño pequeño, que inconscientemente recoge todas las impresiones del entorno para construirse y desarrollarse por sí mismo. Gracias a ella, puede adaptarse a las circunstancias temporales, sociales y culturales en las que vive.
Etapas sensibles del desarrollo infantil según Montessori
En la primera fase del desarrollo, de 0 a 3 años, el niño es un creador inconsciente: absorbe e incorpora a su mente toda la información del ambiente sin darse cuenta. Todo lo que vive, observa y experimenta queda registrado y forma parte de su estructura interna.
De 3 a 6 años, el niño se convierte en un trabajador consciente: comienza a buscar experiencias específicas que le permitan perfeccionar lo aprendido en la primera etapa. Ya no absorbe sin querer, sino que actúa con intención para profundizar en su desarrollo.
Durante estas etapas, María Montessori identificó distintos periodos sensibles, es decir, momentos en los que el niño presenta una sensibilidad especial para adquirir ciertas habilidades o conocimientos. La mente absorbente es el fundamento que permite aprovechar esos periodos con naturalidad y sin esfuerzo.
Para profundizar en cómo se forma el carácter durante estas etapas, puedes leer también el artículo sobre la construcción natural del carácter del niño pequeño.
Cómo reconocer y aprovechar los periodos sensibles en el niño
Para que el niño pueda desarrollarse plenamente en cada periodo sensible, es fundamental que el adulto prepare un ambiente que le ofrezca las experiencias y estímulos adecuados a su etapa evolutiva y a sus intereses. Esto implica:
- Observar al niño con atención para detectar qué le interesa, en qué se concentra, qué repite con entusiasmo.
- No imponer contenidos, sino facilitar materiales y experiencias acordes a su momento evolutivo.
- Respetar sus ritmos y no forzar aprendizajes para los que aún no está preparado.
La observación activa del adulto permite reconocer patrones de comportamiento, preferencias y necesidades que revelan los intereses del niño. A partir de ahí, es posible proponer actividades y entornos que nutran su mente de forma natural.
Actividades y materiales Montessori para potenciar cada etapa
Para que la mente absorbente del niño se nutra de forma rica y significativa, Montessori propone un entorno que contenga ciertos elementos fundamentales:
- Libertad de movimiento: Espacios amplios y seguros donde el niño pueda desplazarse, explorar, subir, bajar, correr o trepar a su propio ritmo, desarrollando su coordinación motora sin presiones externas.
- Experiencias activas con las manos: Actividades como transvases, enhebrar, meter y sacar objetos, construir o seleccionar elementos, permiten al niño integrar el conocimiento a través del movimiento y la manipulación.
- Contacto con la naturaleza: Caminar por el jardín o el bosque, tocar la arena, regar plantas, tener un huerto, alimentar a una mascota… Todo ello activa los sentidos y genera experiencias auténticas y multisensoriales.
- Participación en la vida cotidiana del hogar: Colaborar en tareas como poner la mesa, preparar los alimentos, limpiar o arreglar su espacio desarrolla la motricidad fina y gruesa, la lógica, la independencia y la autoestima.
- Un ambiente rico en lenguaje: Escuchar hablar a los adultos, cantar, leer cuentos y conversar diariamente enriquece el vocabulario y favorece la comprensión del mundo. El adulto debe propiciar el lenguaje con intención y afecto.
- Contacto con la realidad: Evitar el uso de pantallas durante los primeros años permite que el niño experimente con objetos tridimensionales reales, que pueda tocar, oler, manipular y explorar con todos los sentidos.

Estas experiencias no solo refuerzan la independencia, sino también el sentido de comunidad. Te invitamos a descubrir por qué el sentido de pertenencia en niños es tan importante.