María Montessori, médica, científica, pedagoga y filósofa italiana, nació en un momento de la historia de profundos cambios políticos, culturales y sociales. Su propuesta educativa está basada en  la observación científica y ubica al niño en el centro  de la educación. Sus  libros han sido  traducidos a 22 idiomas.

Hoy en día puede observarse la proliferación de centros escolares Montessori en varias partes del mundo. La aplicación de su método se ha expandido a diferentes ámbitos como: hogares, hospitales, escuelas de educación especial, centros de refugiados, programas de alfabetización de adultos, cuidado de personas de la tercera edad con deterioro mental y diferentes programas de ayuda social. Esta pedagogía también se ha aplicado exitosamente en distintos estratos sociales, tanto en escuelas públicas como privadas.

La importancia del movimiento para el aprendizaje

G Rizzolatyi  experto en neurofísica señala que “el cerebro que actúa es el cerebro que aprende”. Considera el aprendizaje como un proceso activo; el movimiento también libera neurotransmisores importantes para el desarrollo personal del niño.

A partir del nacimiento, se empieza a desarrollar el movimiento, tanto los reflejos como los movimientos voluntarios irán proporcionando información básica en relación al propio cuerpo y al ambiente; cada experiencia se transforma en nuevos datos, es decir, en conocimiento que la mente conserva y utiliza cada vez que sea necesario. Cada vez que se aprende un movimiento nuevo el ser humano desarrolla y madura su estructura cerebral.

El movimiento es factor esencial para la construcción de la inteligencia, que se alimenta y vive de experiencias obtenidas del ambiente exterior[1]

 

[1] M. Montessori, El niño el secreto de la infancia, pág. 156.

La Dra. Montessori  hace especial referencia a la inteligencia y la mano

Estudiosos de la evolución plantean que la capacidad de control fino de la mano se da junto con el aumento del tamaño del cerebro y nos permite ejecutar acciones más complejas. Las manos cuentan con una mayor cantidad de neuronas motoras que envían señales a los músculos para que se activen.  A través de las manos, el niño experimenta su ambiente y activa diferentes recursos para poder procesar la información, lo que influye en un número mayor de sinapsis dentro de la corteza cerebral.

A través de una actividad manual, el niño alcanza un nivel más alto de inteligencia; quien haya trabajado con sus propias manos tiene un carácter más fuerte”[1]

 

[1] M. Montessori, La mente absorbente, pág.

Las “ventanas de oportunidad”, denominadas por M. Montessori  “períodos sensibles”

La neurociencia coincide en la presencia de períodos en el desarrollo del cerebro del infante, donde ocurren aprendizajes específicos.

Durante los primeros años, las experiencias y el ambiente ejercen mucha influencia en el establecimiento de ciertas estructuras como el lenguaje, el movimiento, el orden y el desarrollo sensorial. Una vez que pasa un período susceptible para cierta habilidad, es más difícil cambiar la estructura del cerebro para adaptarse a un nuevo aprendizaje, por lo que la falta de experiencias o privación de estímulos puede traer serías consecuencias funcionales y estructurales.

Se trata de sensibilidades especiales que se encuentran en los seres en evolución, es decir, en estados infantiles, los cuales son pasajeros y se limitan a la adquisición de un carácter determinado[1]

 

[1] M. Montessori, El niño el secreto de la infancia, pág.76.

El desarrollo cognitivo que empieza durante la infancia permite al niño desarrollar funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva o el control inhibitorio. La relación que establece el niño/a con los objetos de su entorno, la frecuencia, intensidad, duración y repetición de actividades, generan la posibilidad de la capacidad de enfocarse, resolver problemas, secuenciar, clasificar, seriar, inferir, entre otros. Las características del ambiente y los  materiales Montessori hacen posible el desarrollo de dichas habilidades.

Otro punto relacionado con el autocontrol es la libre elección y el desarrollo de la independencia

En la pedagogía Montessori el niño aprende a tomar sus propias decisiones, puede elegir una actividad, esto también fortalece la voluntad y a le permite ser responsable de su propio aprendizaje.

También se ha confirmado el desarrollo de las estructuras neurológicas en personas capaces de seguir reglas; Montessori ofrece ambientes con estructura y orden, para que el niño construya su propio orden mental.  El aula está organizada tanto física como conceptualmente: los materiales están ordenados de acuerdo a la complejidad de los conceptos que se introducen, de tal manera que le niño puede ir construyendo su conocimiento en forma clara y gradual.

“La naturaleza da al niño la sensibilidad del orden para construirse un sentido interior que no se halla destinado a conocer la diferencia entre las cosas, sino las relaciones entre  ellas”[1]

 

[1] M. Montessori, El niño el secreto de la infancia, pág. 102.

Como podemos apreciar, a pesar del tiempo que ha pasado, la ciencia sigue validando los descubrimientos de Montessori. Los ambientes Montessori son reconocidos como lugares donde los niños desarrollan la inteligencia, resuelven problemas, buscan soluciones y se ayudan entre ellos en un clima de respeto.

Esther Vargas

Departamento Pedagógico