¿Es un ambiente Montessori un espacio donde los niños son libres para hacer todo lo que quieran?

Uno de los mitos que más marcan a la pedagogía Montessori es que es sinónimo de laxitud. Se tiene la idea de que el niño es libre de hacer lo que quiera, sin embargo, como veremos a continuación, esto no pertenece a la esencia del método.

La Dra. Montessori decía que en el ambiente preparado: “Un niño quiere todo lo que hace, pero no hace todo lo que quiere”. Si bien es cierto que el niño encuentra una gran libertad de elección y acción, es importante aclarar que esto se da dentro un marco establecido, en un espacio preparado en base a la observación minuciosa de las necesidades del niño.

Si tuviéramos la oportunidad de observar un ambiente Montessori, veríamos que el niño revela un amplio sentido del orden, manifiesta además un gusto por el silencio y la calma, los cuales son sinónimos de alegría y de lo que guarda en su interior.

No debemos olvidar que todo niño tiene un profundo deseo de aprender, y este deseo se manifiesta en la repetición de una actividad y en la necesidad de elegir libremente un trabajo con un propósito.

Si el niño manifiesta comportamientos negativos, estos serán resultado de la actitud del adulto, como imponer su voluntad al niño, no establecer límites y el uso anticipado y excesivo de la televisión y los aparatos electrónicos, lo cuál le lleva a una sobreestimulación.

No debemos perder de vista que los puntos de orientación son fundamentales para que los niños se sientan amados, cuidados, valorados; por lo tanto, nuestro deber es acompañarlos y proveerles de aquello que necesitan para desarrollarse plenamente.

El concepto de Disciplina planteado por la Dra. Montessori implica una disciplina activa, basada en el desarrollo de la voluntad; ya que es a través de esta, que el niño construye una disciplina interna (autodisciplina). El niño sigue reglas porque quiere obedecer, no porque existe una figura externa de autoridad. Lo hace porque entiende que es importante para él y para el grupo. Ahora bien, la disciplina interior es algo que debe conseguirse, la guía debe ser capaz de encauzar la energía del niño por la vía del trabajo.

Al respecto de la disciplina, la Dra. Montessori nos dice lo siguiente:

“…esta nacerá cuando el niño haya concentrado su atención sobre el objeto que lo atrae y que no sólo le permite un útil ejercicio, sino también el control de error”.

María Montessori “La Mente absorbente” Pág. 332 Diana, México

Aunado al trabajo, el desarrollo de la consciencia y el control de sí mismo son las otras dos condiciones de desarrollo necesarias para que el niño pueda obedecer, y es a través de la voluntad que se van a consolidar las anteriores. La voluntad se desarrolla, cuando el niño haciendo uso de su experiencia, realiza de manera consciente una acción deliberada, la cual tiene una finalidad y unas dificultades a vencer.

El desarrollo de la voluntad es un proceso lento que sólo el niño puede forjar a través del ejercicio de la misma, el adulto solo puede ayudar y acompañar, evitando romper la voluntad del niño con la represión.  Este es un error fundamental.

Muchas veces creemos que la voluntad del niño debe ser destruida, pues representa un obstáculo al deseo del adulto que busca la obediencia absoluta por parte del niño; muy por el contario debemos buscar que el niño decida seguir libremente la voluntad del adulto, pero después de haber desarrollado su propia voluntad.

La obediencia es, por lo tanto, una sublimación de la voluntad individual.

La voluntad se irá desarrollando cuando la fuerza interna del niño lo lleve a crecer, a elegir y a repetir espontáneamente una actividad en su ambiente de trabajo. Es ahí donde el niño va a desarrollar una conciencia de sus acciones y con esto se generará una voluntad consciente, resultante de su propio trabajo.

María Montessori supo ver en lo más profundo del espíritu del niño y encontró que en este hay un deseo natural por obedecer que nace del amor. Para el niño, orden y disciplina son necesidades y manifestaciones vitales. Sin embargo, este deseo puede verse interrumpido cuando el adulto urge al niño a ceder a su favor, por medio de reglas y leyes inalterables, las cuales muchas veces escapan a la posibilidad por parte del niño de ser seguidas. Surgen entonces los denominados “caprichos y desobediencias”.

Por lo tanto, para que el niño logre adoptar las reglas del ambiente necesita desarrollar estos aspectos:

  • Control sobre su cuerpo: cuando el niño aprende a controlar sus movimientos guiado por su propio ego logra una disciplina interior.
  • Capacidad de decisión: dentro del ambiente de trabajo, el niño tiene la opción de elegir un material de trabajo, esta libre elección es la actividad más elevada, ya que el niño esta obedeciendo a su interior y cuando hace esto avanza por el camino de la libertad.
  • Querer hacer: la tarea del niño es crecer y la voluntad es la fuerza que lo impulsa hacia ese fin y a querer hacer cosas.

En un ambiente Montessori los niños acuden contentos día a día a realizar nuevos descubrimientos (aprendizajes); tan importante es para ellos su “trabajo” de construcción de sí mismos que quedan inmersos en una profunda concentración, lo cual los hace parecer seres de un mundo lejano y superior.

Los niños tienen un profundo sentimiento de dignidad personal, una característica del método consiste en respetar esta dignidad, en un grado jamás alcanzado hasta ahora. Si queremos favorecer el desarrollo de cada niño, dejando libre el cauce de su energía creadora que le anima y le hace crecer, debemos aprender y entender que en el Método Montessori se busca primero una conversión de la mirada sobre la infancia; por lo tanto, una de las primeras cualidades que se debe formar en la personalidad del adulto que esta al cuidado del niño es la “humildad espiritual”.

La Dra. nos dice:

“El niño es portador de su propio desarrollo, promotor de su crecimiento, y ayudarle a crecer implica, antes de cualquier método, una verdadera conversión interior

Maria Montessori

Un trabajo del maestro/guía sobre sí mismo para desarrollar una escucha atenta y no proyectiva; ya que mediante la educación, el niño logrará el dominio de sí mismo y dominará su propio medio al ser capaz de sintonizar con los demás.

Dejar hacer lo que quiera al niño, que ha desarrollado su voluntad, es traicionar el sentido de la libertad. Porque la libertad es, por el contrario, una consecuencia del desarrollo de la personalidad, alcanzando mediante el esfuerzo y la experiencia personal”. (M. Montessori, “La mente absorbente del niño”)

Dentro de un ambiente de trabajo Montessori, intentamos acompañar al niño por el camino de la vida y darle confianza en sí mismo. Hacerle conocer el mundo para que pueda adaptarse a él y ayudarle a descubrirlo por sí mismo estando a su lado.

Ana Lucía Hermida

Departamento Pedagógico