La Dra. Montessori llamaba sociedad por cohesión a la asociación que surge de una necesidad espontánea del niño para relacionarse con los otros. Esa necesidad es recogida por un poder interior y es animada por un espíritu social.

Esta consciencia social es un don de la naturaleza que los niños van alcanzado a través del esfuerzo individual.

Esto implica que la naturaleza pone las bases para la construcción de la personalidad y de la sociedad, pero este esquema sólo se realiza cuando el niño cuenta con las condiciones adecuadas para desarrollarse dentro de un ambiente preparado:

  • Donde el niño es activo en su propio aprendizaje
  • Donde es capaz de aprender del error al corregirse a sí mismo
  • Donde las diferencias de edades permiten la ayuda recíproca y la búsqueda del bienestar del otro
  • Donde la normalización surge como resultado del trabajo arduo y de la concentración que consigue el niño al trabajar sin ser interrumpido.

El niño como fuerza universal

Esta sociedad creada por cohesión, que se observa en los niños, es la base de todas las organizaciones.

Lo que realiza el niño de tres a seis años es la base del comportamiento humano, que solo puede desarrollarse en un ambiente de libertad y orden.

Bien decía la Dra. que a los niños de esta edad no podemos enseñarles, podemos observarlos y seguir su desarrollo, podemos ofrecerles un ambiente que les dé la posibilidad de un crecimiento basado en el trabajo constante y que permite el desarrollo de todo su potencial mediante la experiencia y el esfuerzo continuo. Es así como el niño formará su carácter y la sociedad.

“El niño es la esperanza y la promesa para la humanidad”.

María Montessori

Por lo tanto, la esperanza de todos los pueblos del mundo debe de converger y alcanzar la unidad a través del niño. El niño es una fuerza universal y espiritual, es una fuente de amor y sentimientos elevados, es el verdadero medio para alcanzar la unidad entre todos los seres humanos.

Sabemos que todo niño que nace es recibido con amor, une en su presencia esencial a toda la humanidad.

“Es por esto que afirmo que el niño es el lazo universal menos destructible de la existencia; es por esto que nunca me cansaré de repetir que la única esperanza para alcanzar el entendimiento perfecto y armónico entre los hombres, es el niño”.

Maria Montessori

La experiencia de Maria Montessori

La educación puede llegar a ser un instrumento efectivo para alcanzar la unión de toda la humanidad.

En el ambiente el niño tiene la oportunidad de reflejarse en el valor social del trabajo, así como en la belleza del trabajo realizado por otros, es un espacio donde el esfuerzo común enriquece la vida de todos.

En mi experiencia personal, he visto que los niños responden con todo el corazón a este llamado y están más que dispuestos a aceptar con alegría la idea de la solidaridad humana. En la educación de los niños es indispensable hacer notar que los hombres dependemos unos de otros, esto debe aumentar nuestra conciencia. Debemos hacer ver a los niños que todos los grandes logros de la cultura y de las artes, de todas las ciencias se debe al trabajo de los hombres, debemos transmitir la nobleza de este altruismo. Nuestra tarea es asegurar que florezca una intensa conciencia de solidaridad universal dentro de nuestros niños. Que comprendan que entre los hombres existe una amplia red de solidaridad y amor que ha evolucionado a través de los años, esto crea una unidad profunda y real entre todos los hombres, esta es nuestra gran tarea como educadores:  hacer al niño consciente de la realidad y profundidad de la unidad humana” y no sólo unidad surgida de los intereses, sino del lazo más profundo que existe en la raíz de la hermandad entre los hombres.”

Maria Montessori

La Dra. Montessori observó el desarrollo social de los niños en la Casa de los niños y entendió las implicaciones que este desarrollo mostraba. Observó que los niños participaban con gozo al interior del grupo y que se mostraban conscientes de sus necesidades individuales, así como de las necesidades del grupo.

Esto puso de manifiesto que, a través del desarrollo de cada individuo, el grupo llega a un punto en el que las necesidades individuales pueden colocarse a un lado por el beneficio de la comunidad entera, formando así una sociedad por cohesión.

Elementos para la sociedad por cohesión

Los elementos que permiten la sociedad por cohesión al interior del ambiente Montessori son:

Convivencia de diferentes edades

Cada edad tiene ligeras diferencias en cuanto a desarrollo, lo que implica que no todos necesitan las mismas cosas al mismo tiempo; también se propicia la ayuda mutua y se despiertan sentimientos de admiración por el otro y de reconocimiento del valor propio.

Ambiente preparado

El niño se encuentra en un ambiente científicamente preparado, es decir en un ambiente que contiene todo lo que es necesario y suficiente para él, según su etapa de desarrollo.

Materiales de trabajo

Los materiales de trabajo le permiten entender cómo funciona el mundo y le dan la posibilidad de tener actividad, es decir, de hacer y por lo tanto de formarse en el proceso.

Gracia y cortesía

Las lecciones de gracia y cortesía permiten al niño el aprendizaje de habilidades y modos de relacionarse. Cuando niños pequeños entran al ambiente los más grandes se encargan de ser modelos y de esta forma los pequeños aprenden a comportarse de la misma manera.

Independencia

La posibilidad de elegir libremente el material de trabajo da al niño la posibilidad de ejercer su independencia. El niño es capaz de elegir de acuerdo con sus intereses y tiene la posibilidad de trabajar con ese material el tiempo que ellos decidan. Esto le permite estar inmerso en un trabajo verdaderamente significativo.

Educación para la paz

El espacio que se prepara en la Casa de los niños es un modelo de sociedad cohesiva, la cual no puede ser creada y organizada por el adulto: es el resultado del desarrollo natural de los niños dentro de un ambiente que conocen y responde a sus necesidades.

La Dra. estaba convencida de que cuando el adulto comprendiera lo indispensable que es educar a los niños siguiendo sus tendencias naturales, la sociedad sufriría una transformación, en la que la tolerancia y la resolución de problemas sin violencia serían la base de una “educación para la paz”.

Darles a los niños la posibilidad de desarrollar habilidades para interactuar de manera respetuosa, así como libertad e independencia para desarrollarse según las leyes de la naturaleza es el comienzo.

Esto implica que en la medida de lo posible el sistema educativo debe ser reevaluado para que los niños tengan la oportunidad de experimentar una nueva forma de educación.

Ana Lucía Hermida

Departamento Pedagógico

 

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