“Cuando un padre me pregunta por qué su hijo lava la mesa en lugar de estudiar Matemáticas, respondo que lavar es la mejor manera de preparar la mente para adquirir las Matemáticas” explica Renilde Montessori, nieta de María, en una de las publicaciones de la revista Vita dell infanzia.

Los ejercicios de Vida Práctica que se ofrecen en el ambiente (3 a 6 años), se preparan con objetos que reflejan la cultura del lugar, para que los niños realicen actividades cotidianas como lavar, barrer, limpiar, preparar alimentos, entre otras. Esta área de trabajo puede complementarse con actividades en el jardín, como cuidar de un pequeño huerto.

Además de promover el cuidado del ambiente, entre los propósitos principales está la adquisición de la independencia física, ya que los niños también aprenden a vestirse, abrocharse los zapatos, peinarse y lavarse las manos.

El esfuerzo que realiza una niña que está atenta para servir agua en un vaso sin derramar una sola gota, no solamente le ayuda a controlar mejor sus movimientos, sino que fortalece su voluntad,  otro de los objetivos de esta área.

Cuando el adulto muestra estas tareas a los niños, lo hace de manera individual, a través de una clara serie de pasos y con movimientos precisos, empezando por actividades tan sencillas como transportar una cubeta o vaciar agua de un recipiente a otro, hasta llegar a los ejercicios de mayor complejidad, como el proceso de lavar y tender ropa.

La oportunidad de establecer secuencias y completar las tareas desde el principio hasta el final, la disposición de los ejercicios en el orden de dificultad en los estantes y el hecho de que los objetos de una misma actividad comparten el mismo color, son ayudas para que el niño desarrolle un orden mental, que se reflejará más adelante en el entendimiento de las Matemáticas.

Esta área también ofrece muchas oportunidades para que el niño se prepare de manera indirecta para adquisiciones posteriores; por ejemplo, asimila la dirección de la escritura al lavar una mesa, una ventana o una pizarra, de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha; ejercita la soltura de la muñeca al realizar movimientos circulares mientras enjabona los platos y la prensión de pinza necesaria para sostener el instrumento de escritura, cada vez que maneja con precisión un objeto usando los dedos índice, medio y pulgar, como lo hace al pasar granos con una cuchara de un recipiente a otro.

También hay otros ejercicios que se presentan de manera grupal:

En el libro El Niño, el secreto de la Infancia, la Dra. Montessori describe cómo el grupo de la primera Casa de los Niños respondió con un gran aplauso, cuando ella les mostró la manera de limpiarse la nariz; a partir de esta experiencia, se ofrecen en el ambiente lecciones breves, para que los niños practiquen reglas básicas de cortesía, que ayudan a la convivencia armónica.

Además del control de la mano, los niños pueden perfeccionar habilidades relacionadas con el equilibrio, realizando los ejercicios sobre la línea. La doctora observó el interés natural de los niños por caminar siguiendo un camino estrecho y decidió trazar una elipse, para darles oportunidad de caminar de diferentes maneras: sobre las puntas o sobre los talones, por ejemplo; de transportar diferentes objetos, además de desarrollar la ubicación espacial y el sentido del ritmo.

En el mismo libro de El niño, el secreto de la infancia, la pedagoga italiana relata la reacción de los niños, cuando recibieron la visita de una de las madres que sostenía a un recién nacido quedaron maravillados por su inmovilidad.  A partir de esta experiencia, se desarrolló la lección que permite adquirir no solo el control, sino también la inhibición de los movimientos: El juego del silencio.

Las actividades en las que están implicados el ojo y la mano, también favorecen el surgimiento de la concentración, un fenómeno que encauza las energías del niño y trae como consecuencia la serenidad y la satisfacción; por esta razón, estos materiales también son los primeros que se ofrecen a los niños cuando se integran al ambiente.

Según las palabras de la doctora, haciendo referencia a las actividades de Vida Práctica: «Para empezar, lo mejor». 

Adela Vizcaino

Departamento Pedagógico