LA TAREA CÓSMICA: VIVIR COLABORANDO

¿Qué soy yo? ¿Cuál es la tarea del hombre en este maravilloso universo? ¿Estamos aquí solo con la función de vivir para nosotros mismos o tenemos otra función?

Estas son algunas de las preguntas que se plantean los niños entre los seis y los doce años, según lo expresado por la Dra. Montessori en La Educación de las Potencialidades Humanas y que la motivaron a responder, no solo con un plan de estudios, sino con una filosofía de vida.

Los antiguos griegos ya reflexionaban sobre el universo y la necesidad de un orden para mantener el equilibrio. Mario Montessori, hijo de la doctora Montessori, explica que este balance es posible cuando los elementos animados o factores bióticos: plantas, animales, humanos, colaboran con los elementos inanimados o factores abióticos: aire, agua, sol, tierra; si cada uno de los agentes trabaja como en un engranaje, la vida prospera.

La Dra. Montessori escribe en el libro Lo que deberías saber acerca de tu hijo:

“Hay un propósito más elevado que la protección de la descendencia o la conservación de las especies: conformarse a un plan maestro hacia el que todas las cosas se están moviendo”.

Maria Montessori

En la naturaleza, cada uno cumple con exactitud y constancia con su tarea, obedeciendo sus instintos naturales, como la polinización de las abejas que les permite alimentarse, al mismo tiempo que hace posible la proliferación de plantas.

La misión de la humanidad, en general, es crear la supranaturaleza, a partir de lo que la propia naturaleza brinda. De esta manera, mejoramos y facilitamos nuestra existencia y satisfacemos nuestras necesidades físicas (vivienda, vestido, transporte, alimentación, protección) y espirituales (sistema de creencias, expresiones culturales, búsqueda de la belleza).

Hombres y mujeres han demostrado una gran capacidad de adaptación al conquistar todos los territorios, hasta con las condiciones físicas más adversas, apoyados por tendencias humanas y fortaleciéndose con la vida en grupo.

Pero cada ser humano es diferente, por lo que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia tarea cósmica, según las capacidades e intereses que hemos desarrollado.

Yo relaciono este concepto con la vocación: el llamado que escuchan las personas que están alertas, para realizar un trabajo que no solo aporta beneficios personales, sino que también es una manera de servir a los demás (personas, plantas, animales).

La satisfacción interna compensa el esfuerzo realizado y la remuneración económica no es la principal motivación.

Sin embargo, hoy nos enfrentamos a hechos devastadores: la humanidad ha abusado de los recursos que el planeta le brinda.

Las palabras de Montessori, definida por alguna de sus seguidoras como “una mujer del mil ochocientos que caminaba en el tres mil”, aunque fueron pronunciadas durante su estancia en la India, durante la Segunda Guerra Mundial, suenan más actuales que nunca:

“La crisis que atravesamos no es de aquellas que marcan el paso de una era a otra… Si perdemos de vista esta situación nos encontraremos en presencia de un cataclismo universal que recuerda la profecía del año mil –ese año que el mundo no debía sobrepasar-. Si las energías siderales son utilizadas por el hombre inconsciente, el hombre del mundo de las dos dimensiones, con el fin de destruirse a sí mismo, no tardará en conseguir su objetivo, pues las energías de las cuales dispone son infinitas y accesibles a todos, en todo tiempo y lugar”.

Maria Montessori

Hay que preparar a los hombres para el mundo nuevo que ya se construye espontáneamente como un fenómeno de la evolución y hacerlos conscientes de la nueva vida que se prepara para que colaboren en ella.

En lugar de basarse en la memoria y la adquisición de conceptos abstractos, como se ha hecho tradicionalmente, la educación Montessori permite que los niños y las niñas entiendan y aprecien las diferentes manifestaciones del mundo que les rodea, para que logren descubrir y realizar su propia tarea cósmica.

Adela Vizcaíno

Departamento Pedagógico