Para dar continuidad al tema del desarrollo emocional, partiremos de las palabras de la Dra. Montessori:

“Un hombre debe tener carácter fuerte y talentos rápidos, igual que valor; sus principios deben estar fortalecidos por un entrenamiento moral y también debe tener habilidad práctica para enfrentar  las dificultades de la vida”.

Resolución de conflictos

 

Modelar la resolución de conflictos es una manera de favorecer el desarrollo emocional.

Puede suceder que algunos padres tengan una actitud sobreprotectora porque tratan a toda costa de evitar cualquier situación incómoda para el niño, en lugar de permitir que la enfrente y la supere solo; esto puede aplicarse en sus relaciones con los demás.

Estas son algunas sugerencias ante el conflicto:

  • Pedir a cada una de las partes que describa la situación.
  • Pedir a cada una de las partes que exprese cómo se sintió.
  • Establecer un acuerdo.

De esta manera, hay varias habilidades emocionales que se ponen en práctica: la empatía, es decir, ser capaz de ponerse en los zapatos del otro; la asertividad: expresarse con honestidad, pero sin lastimar al otro. Ofrecer disculpas y aceptarlas, que puede ser un primer paso para aprender a perdonar; también estar dispuesto a reparar el daño, si fuera necesario.

 

La cortesía

Los niños aprenden lo que viven y la forma de relacionarse con los demás no es la excepción. Uno de los aspectos que descubrió la Dra. Montessori en los niños pequeños, es el sentido de dignidad propia. Si tratamos a los niños de manera respetuosa y nos dirigimos a ellos con la misma amabilidad que tenemos hacia los adultos, absorberán este comportamiento y lo aplicarán en las circunstancias adecuadas.

Tolerancia a la frustración

“Solo quiero que mi hijo sea feliz” es una afirmación común de los padres y desde luego, comprensible. La clave está en cómo lograrlo. Satisfacer de inmediato hasta la más mínima petición de un niño, generalmente trae como resultado una persona demandante, que rehuye los retos, se aburre con facilidad y antepone sus necesidades a las de los demás.

Aprender a lidiar con cierto nivel  de frustración no significa que él se sienta abrumado, sino que desarrolle la capacidad de espera para ser escuchado, atendido y la perseverancia para superar adversidades con serenidad.

Respeto

Desde mi punto de vista, el respeto es el valor fundamental de la pedagogía Montessori, expresado de múltiples maneras: hacia la propia persona, hacia los demás, hacia otros seres vivos, hacia los objetos, apreciar la diversidad  también facilita las relaciones interpersonales. La capacidad de asombro y disfrute de la naturaleza son espontáneas en el niño y si se promueven, él  será capaz de cuidar de sí mismo y de su entorno inmediato y más adelante,  del medio ambiente.

Generosidad y Gratitud

Si tuviera que resumir en una palabra una cualidad personal que se pretende que los niños desarrollen a través del acercamiento Montessori, es la capacidad de adaptarse: a las circunstancias, a las personas, al entorno, porque la preparación para la vida implica flexibilidad para responder al cambio constante.

La Dra. Montessori sostiene:

 “Es necesario que la personalidad humana esté preparada para lo imprevisto… La adaptabilidad es la cualidad más esencial”.

Si un niño realiza su autoconstrucción con la menor cantidad de obstáculos posibles, se sentirá contento, satisfecho y en lugar de pensar solo en sí mismo, manifestará cualidades indispensables para la vida social y será una persona adaptable. Entre esas cualidades también destacan la generosidad y la gratitud.

Como hemos dicho, el ejemplo del adulto puede ser más efectivo que dar largas explicaciones sobre la importancia de compartir o forzar al niño a hacerlo; si el niño ha desarrollado las habilidades emocionales descritas, el desprendimiento surgirá de manera natural. La capacidad de agradecer implica mucho más que dar las gracias, también requiere de la humildad para apreciar lo que recibimos.

Adela Vizcaino

Departamento Pedagógico