¿Cómo implementar Montessori en escuelas con pocos recursos?

Una de las críticas más comunes sobre la pedagogía Montessori es que requiere de una fuerte inversión económica para implementarla. Más allá de los recursos materiales que se necesitan para preparar un ambiente de aula adecuado, existen algunos aspectos a considerar que pueden llegar a beneficiar a niños con situaciones económicas más precarias.

La propia Dra. Montessori, a lo largo de su vida, fue un ejemplo en este sentido. Se ocupó de los menos favorecidos: primero, atendiendo a niños con condiciones de desarrollo diferentes, en la clínica de la Universidad de Roma y, después, centrándose en niños y niñas de padres analfabetos, en el barrio de San Lorenzo.

¿Cómo logró la Dra. Montessori tener éxito en ambos casos, con muy pocos recursos?

En primer lugar, estudiando: tradujo del francés al italiano las ideas sobre el aprendizaje en niños con capacidades diferentes, expuestas por dos médicos franceses (así tuvo oportunidad de reflexionar en el significado de cada palabra) y observando las necesidades e intereses de los niños/as.

“El rico y el poderoso, la elite y los famosos han apoyado durante ochenta años a la educación Montessori. Sin embargo, antes de que estas personas ilustres se interesaran, el trabajo de Montessori nació en silencio y fue tiernamente alimentado entre los pobres y los discapacitados. Es aquí, entre los rechazados y olvidados, que Montessori está realmente en casa: donde se le recibe con mayor gusto y éxito”. Jon Osterkon

Psicólogo y formador Montessori, 1986

Para llevar a la práctica esta pedagogía, primero hay que comprenderla. Parece muy obvio, pero uno de los nietos de la doctora, Mario, sostiene que ni quienes critican, ni muchos de quienes se dicen seguidores de Montessori, han entendido sus ideas.

A continuación, hablaremos de los tres elementos básicos para llevar a la práctica este acercamiento educativo:

el ambiente preparado, el adulto y el material.

Ambiente preparado

Aunque el espacio no sea óptimo, puede lograrse un buen diseño del ambiente si se procuran las características físicas básicas: limpieza, orden, armonía. Si el espacio es reducido (una de las desventajas más comunes) puede compensarse si se reúnen todas las características psicológicas: un clima de calma, donde los niños se sientan cómodos, libres de expresarse, pero también perciban una estructura y donde el error se acepte con naturalidad.

Se han creado ambientes funcionales en casas adaptadas, en espacios cedidos por hospitales o iglesias, en campamentos para refugiados, en el campo y en las grandes ciudades, donde un área verde es un verdadero privilegio y se cultivan hortalizas en cajas de madera.

En definitiva, si el ambiente ha sido preparado adecuadamente, no será necesaria la constante intervención del adulto.

Adulto

El recurso humano es esencial y aunque es indispensable que el adulto conozca las características de la etapa de desarrollo correspondiente, la técnica del uso de los materiales y sea capaz de observar las manifestaciones de los niños; las cualidades personales, que son las más difíciles de desarrollar, no necesitan inversión económica.

Si hay un/una guía humilde, que confía en las potencialidades infantiles, que sabe mantener la calma y que puede expresar su amor favoreciendo la autonomía de los niños, es muy probable que logre “seguir al niño”-principal tarea del educador Montessori-.

Además, es importante preparar como guías a algunos miembros de la comunidad, porque el trabajo en equipo es una de las claves del éxito en estos proyectos.

Materiales

Hay que conocer, respetar y promover la cultura del lugar e involucrar, en la medida de lo posible, a las personas que forman parte de la comunidad. En más de una ocasión, han sido los propios padres y madres motivados, quienes construyen mesas, sillas y repisas, pintan las paredes y ayudan a  elaborar algunos materiales.

Aunque hay materiales que tienen medidas y formas exactas, hay muchos que pueden elaborarse manualmente. Las áreas de Vida Práctica y Lenguaje (en los diferentes niveles), son aquellas en las que es posible que el adulto prepare casi todos los materiales. Sin embargo, no debemos olvidar que cada objeto que se ofrece a los niños debe estar en óptimas condiciones, para que sea atractivo.

 

 

La Dra. Montessori explica en el libro de El niño: el secreto de la infancia, que los “niños privilegiados”, aquellos que vienen de familias pudientes, muchas veces tardan más en concentrarse, porque están acostumbrados a tenerlo todo en exceso, a diferencia de los niños con carencias económicas, que se interesan con más facilidad en los objetos que se les ofrecen.

Principalmente, debemos enfocarnos en el rango de edades de los niños que van a atenderse. En el caso de un ambiente de Casa de Niños (para la etapa de edad de los 3 a los 6 años), el área de Vida Práctica, por ejemplo, debe ser una prioridad, porque es básica para la concentración de los niños. Deben ofrecerse los materiales sensoriales básicos, trabajar de manera paralela el enriquecimiento del vocabulario y tener disponibles los ejercicios del primer plano de Matemáticas. A medida que crezcan los niños, podrán irse ampliando las actividades.

La posibilidad de favorecer el sentido de dignidad en los niños es otro de los aspectos fundamentales descubiertos en la primera Casa de los Niños y adquiere especial importancia para quienes provienen de entornos que impiden el desarrollo de una sana autoestima. La relación con los padres es otro de los matices esenciales en la correcta evolución de las potencialidades de los niños; muchos de ellos aprenden a través de sus hijos, valoran la oportunidad de desarrollo y la agradecen con una actitud cooperadora.

 

 

Implementar la educación Montessori en una escuela con pocos recursos no es tarea fácil, pero ojalá cada vez más personas acepten el reto, porque son agentes vivos de transformación para el bienestar y la paz.

 

Adela Vizcaíno

Departamento pedagógico

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