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Niño Montessori
6 Oct 2015

María Montessori la primera coach en educación infantil

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Si la educación es siempre concebida en el mismo sentido anticuado de ser una mera transmisión de conocimientos, hay poco que esperar de ella, en cuanto a mejorar  el futuro de la humanidad”  –  María Montessori

Más de cien años después de que María Montessori abriera su primera escuela, la “Casa dei Bambini” (Casa de los Niños) en 1907 en Italia, su enfoque todavía se practica en todo el mundo. Sus ideas siguen inspirando a muchos educadores que buscan una nueva cultura del aprendizaje.

Montessori pronto aprendió en su trabajo que para educar, los maestros deberían ser capaces de encender llamas en lugar de sólo llenar de información los cerebros. Su propósito era poder influir en los educadores para que vieran a los niños como seres inteligentes, únicos y llenos de potencial.

Su visión de la educación (incluidos los originales materiales que proponía, los muebles de tamaño infantil, la distribución dentro del aula y algunas estrategias para enseñar) se extendió a otros países en su compromiso con el desarrollo integral del niño. Concebía al maestro como alguien que busca incansablemente ganar el interés de cada niño para entusiasmarlo, despertando su curiosidad  pero también siendo capaz de dar un paso atrás y tomar un papel de apoyo cuando el niño ha de comprometerse en su propia obra.

María Montessori (1870-1952) fue una educadora revolucionaria, muy por delante de su tiempo. Reconoció que los niños se guían por una tendencia intrínseca por  aprender –algo que las Neurociencias confirman más allá de toda duda-, lo que la convirtió en la primera experta en el aprendizaje auto-dirigido.

Desarrolló ambientes en clase donde los niños pueden estudiar de forma independiente, mediante la auto-corrección y con materiales de aprendizaje práctico. Montessori propició profesores con directrices específicas para observar y ayudar a sus jóvenes estudiantes.

En este contexto, el maestro no es el sabio que todo lo sabe o el “sabelo todo” entorno a quien gravita toda el aula, sino que es un “coach” o facilitador del aprendizaje de los estudiantes.

El coaching no se limita a los deportes, ni a la empresa, ni a los directivos. De hecho, los maestros practican el coaching gran parte del tiempo a pesar de que no pueden pensar en sí mismos como coaches. Y es así, por cuanto facilitan, permiten y alientan a los estudiantes a auto-dirigirse. El estudiante es activo y es capaz de tomar decisiones y tener pensamientos y sentimientos que no son dictados por el profesor. El maestro debe tratar de capacitar a los estudiantes a pensar y hacer por sí mismos.

Esta forma de enseñanza promueve que los niños puedan ser  ellos mismos.  María Montessori concebía la educación como una fuerza liberadora en la vida de los estudiantes. Los maestros en lugar de ser transmisores de  conocimiento, deben aprender a ser facilitadores, fusionando el conocimiento que dan con facilitar el desarrollo de la personalidad. Crear las condiciones para que los estudiantes se conviertan en sus propios maestros. Este es un concepto muy alineado con el coaching por cuanto esta disciplina considera al ser humano “como un ser creativo, con iniciativa y completo”.

Angeline Lillard psicóloga especializada en el desarrollo cognitivo en la Universidad de Virginia, y autora del libro “Montessori: The science behind the genius” ” expone ocho principios centrales de la teoría y práctica de Montessori.

En este artículo quería destacar tres de los ocho principios y que se refieren a la motivación del niño:

1) poder elegir  y  percibir que tienen control: este principio se considera que promueve la concentración y la alegría de los niños en el proceso de aprendizaje

2) el interés personal mejora el aprendizaje en un contexto donde los intereses se basan en el conocimiento previo y las propias preguntas de los niños

3) las recompensas extrínsecas tienen un impacto negativo en la motivación y el aprendizaje a largo plazo

Así que al igual que la educación en las escuelas  Montessori tiene  en cuenta lo que pasa con el cerebro –porque aunque María Montessori no lo decía, la manera de educar  en Montessori está realmente basada en como el cerebro aprende-, también el maestro puede convertirse en el primer coach en la vida del niño/a promoviendo un enorme impacto positivo en su desarrollo intelectual y emocional.

 

Gemma Sala Grau
Psicóloga y Coach

Formadora en International Montessori Institute en NeurocienciasDocente-Coach

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