“La naturaleza da al niño la sensibilidad del orden para construirse un sentido interior que no se halla destinado a conocer la diferencia entre las cosas, sino las relaciones entre ellas y por eso las liga al ambiente formando un conjunto donde todas las partes dependen entre  sí”.

Maria Montessori

En la primera etapa de la vida, el niño muestra una  sensibilidad especial hacia el orden, sobre todo en los dos primeros años.

¡Sorprendente! ¿No?

La Dra. Montessori,  basándose en sus observaciones,  nos  muestra una visión diferente del niño,  en la que el orden se presenta como una  de las necesidades vitales durante la infancia.

El bebé recién nacido llega  a un ambiente  desconocido, al que tiene que adaptarse;  para poder lograrlo necesita observar, por lo que es importante que encuentre orden en la colocación de los objetos, para poder conocer su entorno, orientarse e  ir estableciendo relaciones entre las cosas.

El infante que conoce la ubicación de los  objetos en la habitación, se siente confiado y seguro cuando empieza a gatear y podrá alejarse poco a poco de  su madre para explorar el  ambiente.

“El orden de las cosas significa conocer la colocación de los objetos en el ambiente, recordar el lugar correspondiente a cada uno. Esto representa orientarse en el ambiente poseyéndolo en todas sus particularidades”.

Maria Montessori

Mientras más pequeño es un niño, más es sensible al orden; el desorden le provoca inseguridad y perturbación, que expresa mostrándose inquieto o a través del llanto. Esto puede verse cuando se hacen cambios o modificaciones en el hogar, que causan desconcierto o hasta enojo en los pequeños.

A partir del orden externo se construye el orden interno, que permite al infante el desarrollo de la propiocepción, es decir, conocer la posición de las diversas partes del cuerpo en relación con el entorno, lo que también ayudará a desarrollar el movimiento coordinado.

Cada vez que una madre toma en brazos a su hijo y lo lleva al sillón para alimentarlo, rutina que se repite varias veces durante el día, el niño tiene la oportunidad de ir observando los objetos que le rodean y de relacionarlos entre sí.

Las rutinas representan otra expresión del orden, es importante establecer horarios para  las actividades de cuidado del niño; esta organización  le permitirá ordenar las diversas experiencias y le proporcionará estabilidad, ya que podrá predecir qué es lo que va a pasar, dándole un sentimiento de tranquilidad, de seguridad y confianza en su entorno.

Otro de los beneficios que tiene la rutina, es que permite que el niño, conforme va creciendo, se involucre en los hábitos de la familia y asuma pequeñas responsabilidades que le  ayudarán a conquistar diferentes grados de  independencia. Por ejemplo, a la hora de la comida, el niño sabe que le corresponde ayudar a poner los manteles.

En las escuelas Montessori, el orden es una de características del ambiente, hay una rutina de trabajo que el niño llega a interiorizar y cada material  tiene un lugar específico,  donde el niño lo coloca cuando ha terminado de usarlo, esto representa la parte final de un ciclo de actividad y contribuye de manera natural a mantener el orden en el ambiente.

“El ambiente que pertenece al alma es el ambiente conocido, aquél en el que uno puede moverse con los ojos cerrados con la seguridad de poder coger con la mano todo lo que se busca. Es un lugar necesario para la tranquilidad y la felicidad de la existencia”.

Maria Montessori

Esther Vargas

Departamento Pedagógico