“Los sentidos son órganos de “presión” de las imágenes del mundo exterior, necesarios a la inteligencia, como la mano es órgano de presión de las cosas materiales necesarias al cuerpo”.

Maria Montessori

Sabemos que no hay nada en la mente que no haya pasado por nuestros sentidos, formamos la realidad a través de lo que percibimos. El trabajo a nivel sensorial nos lleva a alcanzar niveles de abstracción cada vez más claros y ordenados, lo que permite el desarrollo de nuestra inteligencia.

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El ambiente Montessori da al niño la posibilidad de explorar a través de sus sentidos y traza el camino para reconocer, graduar, adaptar y organizar los estímulos que se van recibiendo del ambiente.

Estos estímulos sensoriales se presentan de forma aislada y de manera metódica y preparan para la observación, al dar una percepción racional y ordenada de la naturaleza, es posible ordenar y clasificar los estímulos que se conocen, esto sirve de base al pensamiento lógico-matemático.

El niño de tres a seis años se encuentra transitando por un periodo caracterizado por el refinamiento de sus sentidos, por eso es tan importante el material Montessori.  El material responde a un interés natural para percibir la realidad a través de los sentidos. Al niño, lo que le interesa es lo que percibe de forma concreta, es decir, tocando. En esta etapa, el aprendizaje se da de manera inconsciente e involuntaria y esto es precisamente lo que lleva al niño a adaptarse a su ambiente. Es como si con la exploración de los sentidos le diéramos al niño un manojo de llaves que le permitieran abrir las puertas de su percepción a un mundo de posibilidades infinitas a nivel sensorial.

Este trabajo de exploración, se hace a través de los siete sentidos principales (Gustativo, olfativo, auditivo, visual, muscular o estereognóstico, cinestésico y vestibular), estos serán los instrumentos encargados de permitir la interacción con el ambiente. Al recoger los estímulos que serán transmitidos al cerebro a través del sistema nervioso, serán ordenados y guardados para, posteriormente, acceder a ellos e interpretar la realidad.

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El material sensorial, también llamado de desarrollo, está compuesto por un sistema de objetos agrupados según determinadas cualidades físicas de los cuerpos, por ejemplo: color, forma, dimensión, sonido, aspereza o suavidad, peso, temperatura, etc. Este material aísla una cualidad de las demás, por ejemplo, el material que permite la distinción de colores está construido del mismo material, forma y dimensiones, diferenciándose únicamente en el color.

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Al iniciar el trabajo es importante presentar muy pocos estímulos, estos deben ofrecer un gran contraste entre sí, para establecer después una cantidad de objetos semejantes entre sí, pero con diferencias graduales cada vez más finas e imperceptibles. Para este cometido, es conveniente añadir a los fuertes contrastes lo que la Dra. llamó las “identidades” que son contrastes con grandes diferencias al poner una serie doble de objetos.

Momentos en el trabajo con el material sensorial:
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  • El trabajo se inicia con el sentido del tacto, específicamente al suavizar las yemas de los dedos, posteriormente se procede al modo de tocar las superficies, de forma ligera y cerrando los ojos. Se les anima a hacerlo de esta forma para que sean capaces de percibir las diferencias que ofrece al tacto en las superficies de los objetos. También se trabaja con impresiones de temperatura y peso.
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  • Sentido esterognóstico, este sentido permite reconocer la forma de un objeto a través del tacto y del movimiento realizado por el brazo, lo que involucra una impresión correspondiente al sentido muscular, esto permite almacenar información en la memoria muscular o memoria de los movimientos ejecutados. Cuando nos movemos tocando algo se adhiere a nuestra memoria la impresión táctil y muscular esto da lugar al sentido estereognóstico. El trabajo con el material sensorial es un excelente gimnasia que estimula los reflejos mentales y musculares que conducen a una rapidez de juicio.
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  • Educación sensorial del gusto y el olfato, estos sentidos están estrechamente relacionados, el trabajo con los materiales sensoriales permite que a través de la exploración de ambos sentidos el cerebro pueda hacer un distinción entre ambos. Estos sentidos se ejercitan con las botellas de olores y sabores.
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  • El sentido visual, suele ser el que más se ejercita, en la vida común, aquí existen una gran variedad de materiales como por ejemplo: en la Torre Rosa, la Escalera Café, los Cilindros, los bloques, cajas de colores, resaques geométricos, etc.
  • Sentido auditivo, para educar el oído se entra en relación con un ambiente en movimiento que es lo único que puede producir sonidos y ruidos. La Dra. Montessori nos dice lo siguiente: “El oído oye más (adquiere mayor agudeza auditiva) cuando percibe ruidos “más ligeros” que antes. La educación de los sentidos conduce, por lo tanto, a apreciar los estímulos mínimos, y cuanto más “pequeña” es la cosa percibida, tanto mayor es la capacidad sensorial; y, por consiguiente, hace adelantar esencialmente en la apreciación de los mínimos estímulos externos”. Así para la estimulación auditiva se iniciará con distinguir los ruidos de los sonidos (Ir desde lo muy contrastante, hacia lo imperceptible); se pasará de la distinción del timbre distinto de los sonidos que tienen diversos orígenes (voz humana, instrumentos) y, por último, la gama de los sonidos musicales.
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La educación de los sentidos tiene una gran importancia pedagógica, ya que prepara metódicamente a los niños para las sensaciones. Esta educación persigue dos fines: uno biológico y otro social. El biológico consiste en ayudar al desarrollo normal del individuo y el social en preparar al individuo para su adaptación al ambiente.

El desarrollo de los sentidos precede al de las actividades superiores intelectuales durante el periodo comprendido entre los 3 y los 7 años, es decir, en el periodo de formación del niño. Este es un periodo de crecimiento físico y de formación de las actividades psíquico sensoriales. El niño, en esta edad, desarrolla sus sentidos y su atención se dirige a la observación del ambiente, por lo tanto: “Toda la educación de la primera infancia debe basarse en este principio: favorecer el desarrollo natural del niño” María Montessori.

Los estímulos, no las razones, es lo que llama la atención del niño, aquí radica la importancia de presentar metódicamente estímulos sensoriales, a fin de que las sensaciones se desarrollen de un modo racional y preparen una base sólida y ordenada sobre la cual el niño construya una mentalidad positiva y un amor e interés por su ambiente.

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La Dra. Montessori fue clara al decir que se debe iniciar la educación de los sentidos durante la primera etapa de desarrollo, si queremos luego perfeccionarlos con la educación y aplicarlos a una forma determinada de la cultura, por lo tanto, la educación de los sentidos debe iniciarse en la infancia y continuarse después durante el período de desarrollo que le preparará para la vida de relación con el ambiente.

Ana Lucía Hermida

Departamento Pedagógico