El lenguaje es definido como la capacidad propia del ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra y de otros múltiples procedimientos o sistemas de signos. Su objetivo principal es la comunicación, la cual forma parte de las tendencias humanas; es un punto de unión entre los hombres y ha ido evolucionando al mismo tiempo que el pensamiento.

El lenguaje pone al ser humano en contacto con la realidad. En el niño representa una conquista de la autonomía y, como tal, lo libera de la incomprensión. El lenguaje es un poder exclusivo del hombre y de su creatividad; tiene un carácter dinámico ya que evoluciona con el entorno, a la vez que forma parte del desarrollo del hombre. Cumple dos funciones principales en la vida del ser humano: es un medio de expresión y un canal que facilita y subyace a las relaciones sociales.

Hoy en día, entendemos que el niño absorbe el lenguaje de un modo integral. Sabemos que el desarrollo de este se guía según leyes universales, de una manera natural y como parte de una creación espontánea en cualquier región del mundo.

El niño desarrolla su lenguaje en el inconsciente y esto hace que se fije como una adquisición permanente. Por el contrario, el adulto que quiere aprender una nueva lengua, solo puede llevar a cabo este proceso de manera consciente y guiado por su voluntad.

Aprender todas las posibles combinaciones de los pocos sonidos que conforman nuestra lengua y las ideas que representan, es un trabajo excepcional de la memoria. El lenguaje del niño es único, creativo y productivo, no una copia del lenguaje del adulto. El niño devela en la construcción de sí mismo un gran milagro. En sus dos primeros años de vida logra la construcción de su propio lenguaje.

Para esto el niño necesita lo siguiente:

  • La capacidad de oír bien.
  • Un aparato vocal que funcione, es decir, tener la boca y la laringe bien desarrolladas anatómicamente y bien conectadas por nervios.
  • El deseo de comunicarse con el ambiente.

El mecanismo del lenguaje se desarrolla en base a dos centros especiales: uno es el centro auditivo receptivo (oído) y el otro es el centro encargado de la producción del lenguaje (aparato fonoarticulador); estos se desarrollan por separado. El aparato receptivo se desarrolla en el inconsciente y el motor se manifiesta en la palabra hablada, por lo tanto, el segundo sucede al primero. Esto quiere decir que el movimiento depende de los sonidos impresos en nuestra psique.  Al mismo tiempo que el niño construye su lenguaje, adopta una idea del orden en su interior, esto le ayuda en la formación de las bases del lenguaje.

El desarrollo del lenguaje se da en la siguiente progresión:

Primer periodo (etapa pre-lingüística): Se adquiere el mecanismo de la palabra,

Segundo periodo (etapa lingüística): Se adquiere el mecanismo de la frase, es decir la expresión del pensamiento.

Etapa pre-lingüística: Alrededor del cuarto mes, el niño fija su atención en el movimiento de los labios del adulto e intenta imitarlos, con esto inicia la preparación del movimiento del aparato fonoarticulador; a los seis meses esta preparado para producir sonidos silábicos; a los diez meses descubre la intención comunicativa; al primer año de vida es consciente de que ha creado el lenguaje y lo comprende, aún balbucea pero de esto surgirá su primera palabra intencional, lo anterior es el inicio de la inteligencia consciente.

La Dra. Montessori dice lo siguiente “El periodo en que la inteligencia tiene muchas ideas y comprende que podría comunicarlas pero no puede expresarlas por falta del lenguaje, es un periodo dramático de la vida del niño y proporciona sus primeras desilusiones”, sin embargo, el esfuerzo que el niño hace para salir airoso de esta lucha le permite conquistar el lenguaje. Por lo tanto, como adultos, debemos ser sensibles a esta batalla que se está librando en el interior del niño y entender que la frustración de este se puede convertir en cólera, la cual es resultado de ese esfuerzo por la búsqueda de la palabra que debe formar a su modo. A pesar de esto el niño persiste en su tarea y, poco a poco, aparecen las palabras.

Etapa lingüística: al año y medio aproximadamente el niño descubre que cada objeto es definido por una palabra, comienza a expresarse con una sola palabra para englobar a otras, a esto se le conoce como “palabras difusas” o “frases de una sola palabra”. Luego se suceden las frases nucleares que tienen de base un sujeto y un predicado; entre los 20 y los 36 meses el niño aprende todas las partes del discurso y comienza a hablar de sí mismo en tercera persona, es el momento en el que toma consciencia de sí mismo. Este es un gran paso hacia la independencia.

Algunas ayudas que podemos dar al niño para el desarrollo del lenguaje oral:

  • Hablar claro y correctamente, recordemos que el niño esta atravesando por el periodo sensitivo del lenguaje.
  • Describir las acciones que se realizan con palabras (antes de los tres años)
  • Decir las palabras exactas para cada situación
  • Evitar el uso del chupón ya que obstaculiza el adecuado desarrollo del aparato fonoarticulador
  • Leer para estimular el lenguaje oral; esta actividad permite conocer la palabra escrita, comprender que hay signos que se combinan y que de estas combinaciones surgen las palabras; Conocer la mayor cantidad de lenguaje posible, este se enriquece al escuchar la palabra hablada y escrita; Adquirir un conocimiento general del mundo, que nos da un bagaje cultural, esto es lo que nos va a impulsar en nuestro proceso como lectores el deseo de seguir conociendo y descubriendo el mundo a través de lo escrito[1].
  • Si el niño va a aprender otra lengua es indispensable que la reciba de un nativo, para favorecer una correcta adquisición del idioma.
  • Si el niño se equivoca al hablar no se le debe corregir, debemos resumir lo que dijo de forma casual para dejar la impresión correcta.
  • No demos simplificar el lenguaje, se deben ofrecer palabras estimulantes
  • Se deben cumplir las promesas verbales, para que el niño aprende a tener confianza en el lenguaje del adulto

 

[1] Mem Fox “Leer como por arte de magia” Paidos, México

Los carácteres más loables del niño durante esta etapa no son las reacciones violentas, sino la paciencia y el orden, la paciencia para elaborar sus ideas y expresarlas y el orden para organizarlas y darles un sentido.

La Dra. Montessori nos dice que la Casa de los Niños es el lugar ideal para el desarrollo del lenguaje, ya que en esta edad se forma y se establece el mecanismo del mismo. Por lo tanto, es importante observar en qué momento se encuentra el niño para ayudarle a consolidar su lenguaje, es importante que revisemos cómo se expresa en términos de pronunciación, orden-sintaxis y expresión, para poder intervenir o canalizar si fuese necesario.

Ana Lucía Hermida

Departamento Pedagógico