Para la Dra. María Montessori la socialización se establece cuando los individuos actúan de manera independiente y establecen lazos con otros individuos, persiguiendo un fin común. En este artículo profundizamos cómo es el desarrollo social en este contexto.

En un ambiente Montessori, el niño tiene la libertad de buscar un trabajo que le interesa y es a través de éste como encuentra la concentración.

En los niños se da un fenómeno en el que surge una verdadera aspiración orientada hacia “la constancia en el trabajo”.

De este fenómeno nace la autodisciplina, la cual esta basada en la libertad. Y, poco a poco, al estar inmerso en un grupo, surge la socialización.

Por lo tanto, el desarrollo social es una consecuencia del orden, de la concentración, del trabajo y de la disciplina (autocontrol). Cuando el individuo presenta todas las características anteriores, llega a la socialización.

El respeto y la espera

El ambiente preparado, como hemos visto favorece la socialización y permite al niño el desarrollo de dos cualidades sociales de gran importancia: el respeto y la espera.

Ambas entran en la vida del niño como una experiencia que madura con el tiempo, el niño sabe que, si desea algo que otro niño tiene, no podrá tenerlo hasta que éste haya terminado su trabajo.

Como resultado de la experiencia, el niño adquiere la paciencia que resulta de inhibir los propios impulsos. Así, estas cualidades se afirman espontáneamente en el niño a través de la experiencia, con la cual se afirma la construcción social.

Los grupos de niños en el ambiente

Para la Dra. Montessori la vida social se da dentro de una comunidad trabajadora en donde el niño aprende a resolver problemas, a comportarse bien y a proyectar planes aceptables para todos.

Los grupos de niños de distintas edades que se encuentran en los ambientes Montessori muestran caracteres distintos y un cúmulo de experiencias enriquecedoras. Estos son numerosos.

En Casa de niños encontramos niños de 3 a 6 años, en donde existe una ayuda mutua, los pequeños observan a los grandes y les hacen preguntas que estos contestan de buena gana; las actividades de los mayores no están lejos de sus posibilidades y eso les hace interesarse aún más, también se propicia la independencia pues ellos mismos deben de resolver sus problemas, los niños se respetan recíprocamente, y sólo intervienen cuando hace falta ayuda, esto nos dice que intuyen y respetan la necesidad que tiene su par de no ser ayudado inútilmente.

“Es una verdadera enseñanza, ya que la mentalidad del niño de cinco años es tan próxima de la del niño de tres, que el pequeño comprende fácilmente de él lo que nosotros no sabremos explicarle”

María Montessori “La Mente absorbente” Pág. 285 Diana, México

Entre ellos se da una armonía y un canal de comunicación que difícilmente se da entre el niño y el adulto, se establece entre ellos lo que la Dra. llama una “osmosis mental”. Por lo tanto los niños están agrupados de esta forma porque todos comparten psicológicamente las mismas necesidades de desarrollo (la mente absorbente y los períodos sensitivos) y el ambiente es el encargado de responder a estas necesidades.

El niño tiene la posibilidad de jugar diferentes roles dentro del ambiente; al ser grande, mediano y pequeño.

En los más pequeños se observa un amor y una admiración por los más grandes, donde no hay lugar para la envidia porque no se propicia la competencia. Se fomenta por el contrario la cooperación en un ambiente de fraternidad. A veces, en Casa de niños siempre lo tratan como al pequeño, o como el mayor, en el ambiente pueden ir desempeñando los diferentes roles, a medida que va avanzando en su formación.

Otra de las posibilidades que ofrecen los ambientes Montessori es la facilidad de ir de una clase a otra. A esto la Dra. le llamo “paseo intelectual” con esto el niño tiene la libertad de observar y de aprender:

“No sólo la edad conduce al progreso, sino también la libertad de observar lo que ocurre en el entorno”

María Montessori “La Mente absorbente” Pág. 287 Diana, México

Otro aspecto observado en la conducta de los niños es la compasión, es un instinto que les impulsa a ayudar a los más débiles, alentándolos, consolándolos, protegiéndolos, incluidos los animales. Éste, nos dice la Dra., es un instinto indiscutible de progreso social. Los niños también muestran una admiración por los niños con caracteres más loables, como el trabajo y la bondad estos les atraen como un imán y provocan la misma reacción en ellos.

La conciencia social

Poco a poco los niños comienzan a darse cuenta de que forman parte de una comunidad, que pertenecen a un grupo en el cual colaboran, surge entonces la aspiración a dignificar el honor del grupo, este es el primer paso hacía la conciencia social: cuando el individuo ama, defiende y valora su propio grupo como finalidad y objetivo de su actividad individual:

“Entre los niños existe una evidente forma de fraternidad, basada en un sentimiento elevado, que crea la unidad en el grupo”

María Montessori “La Mente absorbente” Pág. 290 Diana, México

De esta forma de actuar se deriva una verdadera sociedad, formada por individuos independientes que se encuentran movidos por un mismo impulso. Este es el verdadero sentido de la socialización.

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Ana Lucía Hermida

Departamento Pedagógico