Para Montessori, el enfoque del desarrollo de la persona es global e implica aspectos motores, cognitivos, emocionales y sociales; en este espacio nos enfocaremos en las habilidades de pensamiento.

Las experiencias relacionadas con el movimiento autónomo y la exploración sensorial, que se adquieren en los primeros años de vida sirven de base para la construcción de la inteligencia. La exploración través de los sentidos y el movimiento hace posible que el niño recoja información sobre el mundo que lo rodea y se relacione con los demás.

En el libro “Un ser humano”, la Dra. Quattrocchi Montanaro explica que en el momento del nacimiento, el niño tiene alrededor de 16 billones de neuronas, pero el desarrollo cerebral depende del número de interconexiones que logren establecerse. La repetición tiene un papel fundamental en la consolidación de las redes cerebrales. 

La Dra. Montessori describe el término Mente matemática como “la parte de la mente que se construye a través de la exactitud y permite el conocimiento y el progreso”, ella toma la idea del filósofo, físico y matemático Blas Pascal, quien sostenía que la formación de la mente humana es matemática.

La Mente Matemática implica habilidades como discriminar y comparar, establecer secuencias y relaciones de causa y efecto; en la Casa de los Niños, los materiales sensoriales, que son elaborados con medidas precisas y permiten que el niño organice las impresiones recibidas, ofrecen las primeras oportunidades para su desarrollo, que consolidan los materiales de Matemáticas.

Al llegar a la primaria, el niño está pasando de lo concreto a lo abstracto, empieza a desarrollar una mente razonadora, que pregunta ¿por qué?; en lugar de ¿qué es? Acompañar a los niños en la elaboración de las preguntas adecuadas y en la búsqueda de las respuestas, es una de las tareas principales del adulto en este nivel.

La exploración de los materiales de Geometría les ayuda a identificar patrones, pero también realizan clasificaciones de conceptos en otras áreas, como Gramática, Botánica y Zoología, por ejemplo.

El trabajo paralelo con el método científico, a través de demostraciones y experimentos, es fundamental para que el propio niño elabore hipótesis, las discuta con sus compañeros, pueda comprobarlas y explicar las conclusiones.

El desarrollo de la inteligencia también implica encontrar soluciones novedosas y el ambiente preparado, aunado al adulto que conoce el límite de su intervención, propicia el descubrimiento tanto de principios físicos como de fórmulas geométricas o algebraicas, al mismo tiempo que favorece el pensamiento creativo.

El enfoque reflexivo de la historia, que relaciona causas y consecuencias de los acontecimientos, examina la secuencia de los hechos y ubica a los personajes en el contexto de su época, también favorece el pensamiento crítico. Al mismo tiempo, promueve el desarrollo de la imaginación, para que el niño sea capaz de comprender lo ocurrido en otras épocas y en lugares desconocidos.

Las salidas autónomas, basadas en el interés de los niños y diseñadas para incrementar su nivel de independencia, no solo ayudan al niño a generalizar los conocimientos adquiridos en el aula, sino que le dan una visión del funcionamiento de la sociedad.

En el libro De la Infancia a la adolescencia, Montessori señala: “La idea es sembrar las semillas de la ciencia en esta edad”.

Adela Vizcaino

Departamento Pedagógico